9 de diciembre de 2017

Tornado de vuelta y media

Lo he intentado,
pero he decidido que paso de ti.
Que acepto que soy tornado de vuelta y media
y que cada media hora me regalo una sonrisa
gratuita, orgullosa, atrevida.
Que tengo intención de vivir como un roble,
doscientos o trescientos años,
tal vez más.
Que me voy a regalar cucharadas de miel
por la satisfacción de sentir
ese deleite empalagoso
que, en ocasiones, me recuerda a ti.
Que voy a cometer errores
y voy a pecar de osada,
lanzándome al vacío sin alas,
como tú me enseñaste,
siendo dueña de la oscuridad,
apagando la luz cuando yo quiera.
Que voy a poner la mano en el fuego,
no por ti, no por algo,
sino por mí.
Que voy a morder el polvo,
una y otra y otra vez
y te lo voy a soplar en la cara.
Que voy a correr cuesta arriba con patines,
que voy a guiñar un ojo a la muerte,
que voy a ser indigente en mi mente,
que voy a bailar al ritmo de la nada,
de lo que yo quiera, sin compás.
Y, en parte, tengo miedo de decirte
que te echo de menos
por si vuelves
y me toca
volver a empezar.

25 de noviembre de 2017

Niña de boca y ojos tristes

Grito al vacío que ya no se escucha,
misma niña con boca triste
por unas heridas que no le pertenecen,
pero arden igual, dolorosas, sangrantes,
con la fuerza de un fuego que no ha encendido,
que no ha alimentado y, aun así,
que la ha quemado.

Mirada al vacío que ya no se ve,
misma niña con ojos tristes,
por unas cicatrices que saben a guerra,
a sal, a un pueblo que ya no se conoce,
al recuerdo de un amor que ya no existe,
a la nostalgia de una abandonada,
perdida y desamparada reflexión.

Juega la niña con su piel desgarrada,
con las piedras solitarias del parque vacío
y mira a los pájaros libres,
valientes,
veloces,
yendo hacia un horizonte infinito.

20 de noviembre de 2017

Escondite con la muerte

Te miro y no estás.
Te miro para pintar tu sonrisa
y me encuentro con ese vacío
que anula toda imaginación.
Hago esbozos en mi mente intentando dibujarte
mientras llueven demonios.
Tus demonios.
Mis demonios.
Se rasgan las paredes
de este barco en el que he naufragado
y se abren mis heridas en una piel hecha desgarros.
Soy marinero a la deriva
con esta tormenta que derriba,
y no tengo salvación ni salvavidas.
Ya no sé si eres el mar o mi timón
y, joder, me duele (me dueles)
porque te miro y no estás;
porque te echo de menos
y sigo buscándote en la brújula
en la que mi corazón es la aguja
cuando todo me grita
que no estás, que no estás, que no estás,
que no te voy a encontrar,
que nunca has sido mi Estrella Polar
y que siga adelante
con la esperanza por delante
aunque el mar me eche sal en las heridas
y yo no tenga otra medicina
que cicatrizar con mi propia saliva;
aunque todas las mañanas amanezcan sin sol
y en las noches yo sea el único lucero
y crea que eres tú.
No sé quién escribió esta horrible adivinanza
en la que siempre acabo muerta.
Estoy cansada de nadar a contracorriente,
yo solo quiero dejarme llevar
por esas manos que me acarician
y que siempre vuelvo a anhelar
aunque eso es lo que hacen: helar.
Tienes manos frías,
tienes manos del Ártico
y yo, que siempre he preferido el desierto,
tengo esa tonta manía
de desear tus dedos de hielo,
dedos de nieve,
dedos demasiado acostumbrados
a escribir "te quiero" en corazones desgastados.
Estoy agotada de que vendas el mío
con mentiras y secretos inventados.
Déjame irme, déjame ser libre,
déjame perderme en el océano infinito
jugando al escondite con la muerte.
Déjame creer que soy valiente
y que no tengo la palabra "perdedora"
pintada en la frente.
Has sido tú, ¿verdad?
Basta, ya no soy esa niña
a la que seguir provocando por diversión
mientras la rompes en pedazos.
He decidido inventar mi coraje
en retazos de piel amoratados
como manchas en un mantel demasiado usado
en ser la escena de un crimen
que se repite una y otra vez.
Y, con la suave brisa que acaricia mi rostro,
me atrevo,
me atrevo a saltar por la borda
y nadar hacia una orilla que no se ve.

13 de noviembre de 2017

Luces de neón

Hay que tener mucho coraje
para quedarse una noche más
aun sabiendo que ya no suena música,
que se ha acabado la canción
y que vas a pasar
el resto de la semana llorando 
por la misma mierda
que una vez te hizo soñar.

Hay que tener mucho coraje
para mirarte al espejo,
quitarte las lágrimas,
sonreírte
y decirte que,
a pesar de todo,
vas al fin del mundo
a buscar luces de neón
para iluminar cada rincón
de tu existencia.

Cielo,
¿no te has dado cuenta?
Tú eres esa luz,
no tienes que ir a ninguna parte.
Pero, si te vas al fin del mundo,
que sepas que yo me voy contigo,
que, por si nadie te lo ha dicho,
tú eres esa imagen
que me pondría de fondo de pantalla
y que, si me das la mano,
prometo no escaparme nunca
de ninguna de tus miradas.

10 de noviembre de 2017

Notificaciones 2.0

Ojos examinando la herida, la misma herida de la gente que opina sin tener opinión, la niña que recorre el parque buscando otros niños, niños que ya no juegan, juegos que ya no divierten, diversión que se ha perdido en una mirada atrapada por la pantalla, pantalla que roba la esperanza, la ilusión, la humanidad, humanidad que ha cambiado ojos por números y boca por comentarios premeditados. 

Accidente en la autopista, violación en un callejón, "tristeza", "desolación", "cabrón", compartir, retweet, notificación, abrir, etiqueta, mención, vídeo, gatito, "jajajaja", guiño, olvido, nada.

Si tienes algo que decir, dímelo a la cara, a la pantalla, a ese valor que tengo al corregir mis falsas palabras. Si no te gusta no me sigas, no me hables, no me conozcas, insultos, denuncia, cuenta bloqueada. Si no me gusta tu foto no te hablo, no quedamos, no importa cómo seas, me vale con esa foto.

Tía en ropa interior, "guapa", "la tuya", "te lo daba todo", "te follo", respuesta enfadada, crítica, asco, tweet, notificación, retweet, favorito, notificación, mención, vídeo, bebé riendo, olvido, nada.

Y mientras la niña columpiándose en lágrimas. Y mientras la herida que no cicatriza porque la sangre ansía un número más. Herida que se confunde con alegría, alegría que ya hace tiempo que está perdida, pérdida que sólo ven los ojos más inocentes, examinando la herida, la bala, el disparo, la pistola, la mano, la persona, la humanidad que se ha matado a sí misma.

Aunque Einstein realmente no lo dijera, representa de igual forma a la sociedad, ¿no?

7 de noviembre de 2017

Mentiras, zafiros y tú

Pasé de comparar el reflejo de tu mirada
con zafiros hundidos en el océano
a arrinconar tus sentimientos,
perdidos,
como un perro abandonado
bajo la lluvia ácida
que se acumula en mi tejado.
Pasé de comerte la boca
a morder mis labios,
indigentes,

que lloran en rojo
por no poder acariciarte una vez más.
Y ahora, después de tantos años,
he sustituido tus zafiros
por rubíes derretidos en mi alma,
por promesas que ya no valen nada,
por secretos que se esconden en mis ojos
y mentiras que se saben acabadas,
destrozadas,
agotadas,
ocultas bajo una capa de mañanas,
cada cual peor que la anterior.
Pasé de programar
cada segundo de mi existencia contigo
a dejarme llevar por la suerte,
por la corriente,
a ver si acabo en el mar
y vuelvo a encontrarme con esos zafiros
que son el reflejo de tu mirada
y que me recuerdan,
cuando me siento perdida,
cómo respirar.

6 de noviembre de 2017

Dos reflexiones desesperadas

Porque de nada sirve prometer una mano a alguien que es tornado por fuera, mientras dentro es huracán y no hay quien lo controle. Sin miradas, sin palabras ni una triste sonrisa salvavidas que apacigüe el cielo unos instantes.
Porque de nada sirve prometer una mano a alguien lleno de tinta que se abre en canal cada vez que la pluma recorre su piel, adictiva y dolorosa; a alguien que es pura contradicción, que tiene un ADN lleno de tachones.
Porque de nada sirve prometer una mano a alguien que se ha vuelto cuchillo, daga, espada y una cuerda hecha con versos que se anuda al cuello y que está llegando a su punto final.

···

Y, por darte cuenta del momento en el que se torcieron las palabras, el mundo entero ha ennegrecido. Tal vez era más fácil vivir de la ignorancia, soportar las miradas con la cara manchada de inocencia y una pizca de vulnerabilidad. Que nadie diga que se pueden callar las desesperanzas que, de un modo u otro, más o menos imprevisible, siempre se tornan verdad cuando ya no queda mente que las oculte. Quizás se volvió más importante desahogar el alma que silenciar las emociones, quizás ya no importaron las consecuencias ni las condiciones, quizás se olvidaron de su imperfecta, pero a la vez impecable, realidad.