21 de septiembre de 2017

Locura copulativa

Me he perdido en cuellos ajenos,
en metáforas que sobrevolaban mi cabeza
por suponer un invierno eterno
que, en lugar de reconfortarme,
ha acabado con todas mis premisas.
Esta madrugada ya no me quedan sonrisas,
he pasado la noche en vela
porque la vela que tenía encendida
era imposible de apagar;
estaba demasiado ocupada gastando mi aliento
en susurrar tu nombre hasta no respirar,
hasta que ha dejado de tener sentido
y se ha confundido con un suspiro
que me ha recordado de nuevo cómo volar.
Nadie me ha dado la palabra para hablar,
pero la escribo, para que no se me olvide,
para poder recordar cómo ser poeta
en un mundo al que no me acabo de acostumbrar.
Estoy prisionera en estas cuatro paredes
que oyen mis pensamientos y hacen eco;
no sé si llamarlo conciencia o locura.
Tampoco sé si estoy loca o soy una loca,
aunque no me importaría ser(lo) o estar(lo)
si eres tú quien se dedica a parecer(lo).
Así al menos seremos locos copulativos
y podremos atar una cosa con otra;
propongo que sean nuestros besos versos
y pasemos el rato bebiendo,
contándonos secretos que todo el mundo sabe
pero que no hemos tenido el valor de decir.
A ver quién es el valiente que desnuda su alma
(y no se desnuda) a ojos ajenos.
Yo he preferido quedarme vestida
con mis propios poemas convertidos en fuego
por si este invierno de verdad es eterno
y no me quedan miradas con las que abrigarme
que no reflejen mis propios miedos.

7 de septiembre de 2017

Hilos rojos y destinos

Nos sentamos los dos juntos
en el mismo tronco caído
que ambos conocemos demasiado bien.
¿Cuándo dejarás de creer en el destino?
Ya no hay lágrimas que derramar,
el viento se las ha llevado sin reparo;
no hay sentimientos que encontrar
y ahora las ramas nos observan al mirarnos.
Perdona si estoy demasiado distraída
buscando tu alma dentro de esos ojos
y no soy capaz de entender tus palabras;
tal vez se han quedado vacías
después de tantos años y miradas.
Nos hemos descubierto el uno al otro
y nos hemos perdido una vez más.
¿Cuándo dejarás de creer en hilos rojos?
He dejado de mantener promesas
que ya no tenían valor ni sentimientos,
he abandonado los versos que te regalé
y he aprendido a sobrevivir sin te quieros.
Supongo que una copa no hace daño a nadie
y, desde que no te veo, yo soy ese nadie
que se pasa las horas indagando silencios
ahora imposibles de localizar.
Quizás no eres tú el que debe dejar de creer,
 y soy yo la que no dejo de pensar
que nuestro destino está maldito
y que el hilo rojo que nos unía
se ha enredado tanto que estamos perdidos.
De todos modos, aún nos queda este tronco caído
que ambos conocemos demasiado bien
y esa sombra mía que siempre estuvo contigo
y que, por su culpa, algún día tendré que volver.

27 de agosto de 2017

Que nos quemen los "te quiero"

Tal vez es que hemos perdido las ganas de querernos,
de poner en común nuestros besos,
de perdernos en las estrellas del otro
como si fuéramos niños pequeños.
Y ahora que camino calle abajo
ahuyentando el miedo gritando recuerdos
me pregunto en qué momento dejamos de vernos,
en qué momento abandonamos los versos.
Mentiroso el que dijo que el amor es para siempre,
si nunca decir nunca,
tampoco siempre decir siempre,
mejor nunca decir siempre,
mejor dejar los nuncas y los siempres.
Y aunque ahora seas tú el callado,
el que ha tirado al vacío los abrazos,
soy yo la que baila descalza
y la que trasnocha por los tejados.
Que nos quemen los te quiero
que yo ya no quiero más secretos.
Si es de valientes enfrentarse al miedo,
que me llamen cobarde por preferir el silencio.

22 de agosto de 2017

Mirarte

Me gusta mirarte mientras eres tú,
mientras miras un punto en la pared
pero en realidad estás mirando dentro de ti
y se te escapan los sueños en un suspiro.

Me gusta observarte mientras te dejas llevar,
mientras tus manos se convierten en fuego
y ya no hay gravedad en tu cuerpo
que te impida volar.

Me gusta contemplarte mientras vives
con prisas y a contrarreloj,
mientras sientes que no da tiempo a nada
y en realidad es que se te escapa el amor.

Me gusta atisbar tus miedos mientras sientes
con el corazón desbocado a traición,
cuando me ves entre toda esa confusión
y sé que conmigo encuentras valor.

10 de agosto de 2017

Mi anestesia particular

Y es que antes el brillo de tus ojos 
era mi magia de cada día,
cuando estampabas tus labios 
en las constelaciones de mi espalda,
cuando tu aliento era la brisa 
que impedía mis estúpidas caídas,
cuando te miraba 
y entonces el tiempo se suicidaba.

Ya no somos nadie 
para ocultarnos las miradas,
ya no soy quién 
para evitar(me) las putas ralladas,
porque ahora si bebo, 
no es para olvidar(te),
es para recordar tus típicas palabras
y tener el valor de decirte 
que nunca te quedaste en nada.

Aunque el hielo de mi vaso 
es solo el impedimento
para bloquear las heridas 
que los recuerdos desgarran;
y ya no tengo motivos 
para creer que volverás
y que tus brazos sustituirán el hielo
como si siempre hubieran sido 
mi anestesia particular.

30 de julio de 2017

Mano salvavidas

Porque aparté la mirada
y, sin pretenderlo, te encontré a ti.
Porque no te buscaba, no te pensaba
y, de pronto, mis ojos dieron contigo.
Porque ahora...
Ahora frenesí de despedidas y lamentos,
ahora sentimientos.
Y, entre este barullo de personas
que se amontonan sobre mi cuerpo,
una mano salvavidas que me saca a bailar.
Y, entre esta música a todo volumen
que resuena en mi pecho,
un murmullo que me invita a disfrutar.
¿Y que será de mí, de ti, de nuestra presencia?
¿Y que será de mí, de ti, de nuestra esencia?
Porque ahora...
Ahora solo toca cantar
aferrada a esa mano salvavidas 
que, al menos esta noche, no me va a soltar.

30 de junio de 2017

Peligro y traición

Cruzando miradas y un disparo
nos hicimos cómplices del mismo delito.
Nadie nos dijo que el miedo
sería el dueño de nuestro destino.
La sangre bombea rápido,
el temor pinta nuestras venas de ansiedad
y el sudor cubre nuestra piel.
Fuiste tú quien dijiste
que teníamos que cumplir nuestro papel
y yo sigo interpretando el mío
aunque la locura sea lo que me vista
y el peligro, lo que me maquille.
Supongo que has perdido las entradas
y ahora el crimen es solo cosa mía.
Ya no hay teatro que enseñar al público,
ya no personajes ni personas,
ahora soy la única en el escenario
y mis muñecas están atadas a mi espalda
por unas esposas hechas de engaño.