16 de octubre de 2017

Que cómo vives

Cuando dudo porque en tus ojos
veo el fin del mundo y me lanzo al vacío
en ese breve instante que dura el despertar.
Cuando sé que si te miro un segundo más
algo dentro de mí va a explotar.
Sé que si te miro reviento,
que si te escucho me muero
y que si te siento ya no hay final.
Que qué importa lo que digan aquellos
que aseguran estar de vuelta
si lo que les pasa es que ni han ido
y no saben lo bella que es tu sombra.
Si es que dudo porque en tu mirada
hay una oscuridad sublime
que amenaza y atenaza, que revive.
Que cómo aprendo a sonreírte
si tengo miedo de decirte
que no me quedan palabras para vivirte.
Que cómo escucharte leer en voz alta
si todos los libros permanecen cerrados
y aun así sigo escuchando tu voz cantar.
Que cómo logras gritar
con la boca cosida por los de allá arriba
si los demás creemos estar libres
en jaulas llenas de espanto.
Cuando cierro un momento la aparente calma
y el silencio se vuelve sonido
y el sonido, esperanza.
Que cómo vuelas libre
aun sin tener alas.
Que cómo corres y te corres
y no te importa nada.
Que cómo me atrapas en ese bucle
en el que te miro y callo
y callo y te miro
y entonces me caigo.
Que cómo sonríes al maldito enemigo,
a ese que nos tiene a todos atrapados
y le desafías con tu silencio imperturbable
y con esa loca pero cuerda mirada
que nunca se ha dejado corromper.
Que cómo sonríes
cuando todo parece acabado.
Porque, oye, que contigo me he dado cuenta
que esto aún no ha terminado.

4 de octubre de 2017

¿Tienes mechero?

De esto que enciendes un mechero
y quemas todas esas promesas vacías
que, aun sin ser otoño, ya se han caído
de ese árbol que regaste con mentiras.
Ojalá no necesitara tirar de la cuerda
para llenar el aire con risas y sonrisas,
ojalá no necesitara cuerda,
ojalá no me hubieras abierto las heridas.
Que si ya no escucho la radio es por ti,
porque todas las canciones son momentos
que se han caducado y me he equivocado
tirando mi sonrisa a la basura
y los recuerdos al fregadero.
De esto que enciendes una hoguera
y quemas los cimientos de tu vida entera
porque sólo son películas que te has montado
y que hace tiempo que no están en cartelera.
A ver qué echan esta semana
porque, por una vez, quiero ir sin ti;
al menos podré elegir las palomitas saladas,
las que a mí me gustan,
las que no están endulzadas con cuentos
de esos que no tienen moraleja ni enseñanza.
Que si me hubieras dicho la verdad,
eso de que al final no había beso, sino bala,
tal vez me habrías ahorrado unas cuantas lágrimas;
que, en estos tiempos de crisis,
cualquier gasto innecesario está de más.
Y más que te voy a echar de menos
cuando me canse de sumar segundos
a un reloj al que se le han acabado
las pilas, las mentiras y el tic tac.
De esto que enciendes un fuego
porque tienes frío, mucho frío,
pero te acercas más de la cuenta
y, por haber perdido la cuenta de chupitos,
sales ardiendo sin aprender a contar.
Al menos me he dejado de cuentos
y sé que, aunque aún necesito la cuerda,
algún día podré sonreír sin necesidad
de hacer recuento de chupitos y segundos,
de esos que se pueden quemar con un simple mechero
que lleva el dibujo de todos y cada uno
de los minutos que pasamos juntos.

30 de septiembre de 2017

As de corazones

Tengo que decirte algo que grita en mi pecho
y no existen palabras para expresarlo,
siento si no te queda otra que adivinarlo
pero es que no sé cómo denominar esa sensación
de estar dormida en tus ojos
cuando tus pupilas exhalan mi nombre.
Me pregunto cómo llamarías
a esas avispas que se revuelven en mi estómago
cuando entiendes lo que otros no entienden
y te adelantas a mis sensaciones.
Es que no encuentro forma de decirte
lo que siento cuando me lo juego todo a una carta
que ambos sabemos que no va a ganar
y entonces tú te conviertes en mi as,
en ese as de corazones,
en esa puntería que he perdido
por creer que dos puntos valía tu sonrisa.
Si te miro y me miras
y sé que cuando apuesto pierdo la camisa
porque mi suerte está contigo
y desparece cada vez que te retiras.
Si apuesto mi vida a la ruleta
cuando todos los números son pares
y yo he elegido el trece porque,
si estás conmigo, no creo en la mala suerte.
¿Cómo llamo a esa sensación de quererte
si "te quiero" no representa todo lo que dice mi mente?
Tengo que decirte algo que crea tsunamis en mi alma
y me ahoga en un mar de miradas,
pero es que, si te quedas conmigo,
creo que sobran las palabras.

27 de septiembre de 2017

Sangre ácida

Me pregunto quién te sentenció a muerte,
a quién no le importaron tus ojos hinchados
escondidos bajo una sábana blanca
llena de manchas de rotulador rojo
que ocultaba balas y gritos ahogados.
Alguien decidió escribir tu epitafio
y ahora lo ha firmado la muerte,
que primero se llevó la carne
y después tus ganas de seguir andando.
A nadie le interesó tu conciencia embustera,
había en ella tanta mentira
como las excusas baratas y los lamentos que hacen eco
en un vacío impuesto por su sentimiento de culpa.
Dejaron que tu alma se quedara en piel y huesos
mientras tú sólo te consumías
como Caperucita que, huyendo del lobo,
se va quedando sin aliento.
Tal vez nadie en concreto cavó tu tumba
y fue cada uno de ellos
llevándose un puñado de carisma, alegría, vida...
mezclado con la tierra que ahora te oculta
y que está marcada por tantos secretos
al rojo vivo, a fuego lento,
así es como te vas deshaciendo.
Nadie te daba un buen consejo
y tu cabeza te dio ése que no debiste escuchar,
ése que te repetías al ritmo de los disparos
a esas ovejas que te cansaste de contar
mientras te imaginabas tu rostro en su lugar.
Tic, tac, boom.
Sangre, huesos y entrañas,
eso es lo que han dejado decorando tu mirada.
¿Y quién llevaba el arma:
la sociedad o la niña desesperada?
La pregunta de siempre que,
aun siendo respondida, no traerá de vuelta sus palabras.

21 de septiembre de 2017

Locura copulativa

Me he perdido en cuellos ajenos,
en metáforas que sobrevolaban mi cabeza
por suponer un invierno eterno
que, en lugar de reconfortarme,
ha acabado con todas mis premisas.
Esta madrugada ya no me quedan sonrisas,
he pasado la noche en vela
porque la vela que tenía encendida
era imposible de apagar;
estaba demasiado ocupada gastando mi aliento
en susurrar tu nombre hasta no respirar,
hasta que ha dejado de tener sentido
y se ha confundido con un suspiro
que me ha recordado de nuevo cómo volar.
Nadie me ha dado la palabra para hablar,
pero la escribo, para que no se me olvide,
para poder recordar cómo ser poeta
en un mundo al que no me acabo de acostumbrar.
Estoy prisionera en estas cuatro paredes
que oyen mis pensamientos y hacen eco;
no sé si llamarlo conciencia o locura.
Tampoco sé si estoy loca o soy una loca,
aunque no me importaría ser(lo) o estar(lo)
si eres tú quien se dedica a parecer(lo).
Así al menos seremos locos copulativos
y podremos atar una cosa con otra;
propongo que sean nuestros besos versos
y pasemos el rato bebiendo,
contándonos secretos que todo el mundo sabe
pero que no hemos tenido el valor de decir.
A ver quién es el valiente que desnuda su alma
(y no se desnuda) a ojos ajenos.
Yo he preferido quedarme vestida
con mis propios poemas convertidos en fuego
por si este invierno de verdad es eterno
y no me quedan miradas con las que abrigarme
que no reflejen mis propios miedos.

7 de septiembre de 2017

Hilos rojos y destinos

Nos sentamos los dos juntos
en el mismo tronco caído
que ambos conocemos demasiado bien.
¿Cuándo dejarás de creer en el destino?
Ya no hay lágrimas que derramar,
el viento se las ha llevado sin reparo;
no hay sentimientos que encontrar
y ahora las ramas nos observan al mirarnos.
Perdona si estoy demasiado distraída
buscando tu alma dentro de esos ojos
y no soy capaz de entender tus palabras;
tal vez se han quedado vacías
después de tantos años y miradas.
Nos hemos descubierto el uno al otro
y nos hemos perdido una vez más.
¿Cuándo dejarás de creer en hilos rojos?
He dejado de mantener promesas
que ya no tenían valor ni sentimientos,
he abandonado los versos que te regalé
y he aprendido a sobrevivir sin te quieros.
Supongo que una copa no hace daño a nadie
y, desde que no te veo, yo soy ese nadie
que se pasa las horas indagando silencios
ahora imposibles de localizar.
Quizás no eres tú el que debe dejar de creer,
 y soy yo la que no dejo de pensar
que nuestro destino está maldito
y que el hilo rojo que nos unía
se ha enredado tanto que estamos perdidos.
De todos modos, aún nos queda este tronco caído
que ambos conocemos demasiado bien
y esa sombra mía que siempre estuvo contigo
y que, por su culpa, algún día tendré que volver.

27 de agosto de 2017

Que nos quemen los "te quiero"

Tal vez es que hemos perdido las ganas de querernos,
de poner en común nuestros besos,
de perdernos en las estrellas del otro
como si fuéramos niños pequeños.
Y ahora que camino calle abajo
ahuyentando el miedo gritando recuerdos
me pregunto en qué momento dejamos de vernos,
en qué momento abandonamos los versos.
Mentiroso el que dijo que el amor es para siempre,
si nunca decir nunca,
tampoco siempre decir siempre,
mejor nunca decir siempre,
mejor dejar los nuncas y los siempres.
Y aunque ahora seas tú el callado,
el que ha tirado al vacío los abrazos,
soy yo la que baila descalza
y la que trasnocha por los tejados.
Que nos quemen los te quiero
que yo ya no quiero más secretos.
Si es de valientes enfrentarse al miedo,
que me llamen cobarde por preferir el silencio.